martes, 23 de octubre de 2012

Erase una vez un grupo de ranas...


Erasi una vez un grupo de ranas que viajaban por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un profundo hoyo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo y, cuando vieron cuán hondo era, les dijeron a las dos ranitas que debían darse por muertas.


Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas mientras que las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.

Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió: Se desplomó y murió.
La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir luchando. Pero la rana saltó cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró salir del hoyo.
Cuando salió, las otras ranas le dijeron: 'Nos da gusto que hayas logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos'. A lo que la ranita les replico que era sorda, y que pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo.



Como a las ranitas de nuestro cuento: Una palabra de aliento a alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo y una mala palabra puede acabar de destruirlo.


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